Cóleos: añadiendo color al jardín

El coleo (coleus blumei) que pertenece a la familia de las Labiadas (Labiatae) es una planta perenne, de naturaleza herbácea o semi-arbustiva de 25-40 cm de altura, que se cultiva como una anual y por sus coloridas hojas. En nuestro país hasta hace unos años era una planta considerada de interior para macetas pero en la actualidad su uso se ha extendido mucho en los arriates de jardines, ya que plantado en masa y de manera repetitiva aporta un colorido extraordinario y combina muy bien con otras plantas.

Sus hojas crecen opuestas, son simples, en forma de corazón y normalmente con márgenes dentados. Tienen una mezcla brillante de colores, incluyendo tonalidades de rosa, rojo, bronce, verde o amarillo. Sus flores son insignificantes, de color azul claro que surgen en forma de espiga, y que mejor deben eliminarse para que la planta no se debilite.

La planta es sensible a las heladas, pero en lugares cálidos o templados, en donde la temperatura no baja de 5 ºC, la planta aguantará bien en el exterior. Se plantan en zonas soleadas o semi-sombra en suelo bien drenado y fértil, que tenga una buena mezcla con mantillo de hojas o compost. En verano necesitan riego abundante sin mojar las hojas y la planta se beneficia de un abono líquido diluido en el agua de riego cada 15 días. En otoño – invierno no es necesario el abonado y el riego sólo si imprescindible.

El Cóleo se multiplica muy bien por esquejes, que echarán raíces con facilidad al cabo de unos pocos días en un vaso con agua, de esta manera se garantiza que conserva las características de la planta original, no así si se reproduce por semillas.

El uso de cóleos, en masa y en patrones repetidos aporta color a los arriates del jardín (Foto: Jardínes del Parque de Aiete en San Sebastián)

Si quieres plantar cóleos en el jardín, muchos centros de jardinería sobre todo en Primavera ofrecen una gran variedad de plantas pequeñas a precios económicos.  Alternativamente puedes tomar esquejes de plantas ya crecidas, puestos en un vaso con agua echarán raíces a los pocos días y se podrán trasplantar bien a una maceta o directamente en el jardín si no hay riesgos de heladas.

Se debe tener especial cuidado con caracoles y babosas que demuestran una gran predilección por estas plantas.

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